Docente UDD participó en 90 cirugías a niños en la Franja de Gaza y Nablus

Doctor Renato Acuña viajó por segunda vez a territorios palestinos en una misión de ayuda humanitaria.

Fueron más de 15 mil kilómetros los que el doctor Renato Acuña recorrió para llegar a territorios palestinos. Un mundo religioso y cultural completamente distinto al de Chile y que visitaba por segunda vez en un año por un solo motivo: operar a 90 niños con malformaciones o patologías de la Franja de Gaza y Nablus.

Esta vez estuvo dos semanas en el mes de mayo, junto a un equipo de especialistas chilenos convocados por la fundación Palestine Children’s Relief, creada por un estadounidense que reside en territorios palestinos y que tiene vínculos con la Sociedad Chilena de Cirugía Pediátrica.

“Fui por una cuestión de servicio. Tú te sientes útil, vas a un lugar distinto a conocer otras realidades, a otros pacientes, te sientes comprometido de nuevo con tu vocación”, dice el  Jefe de Cirugía Infantil del Hospital Padre Hurtado, cirujano de la Clínica Alemana y director del Departamento de Morfología de la Facultad de Medicina CAS-UDD.

Quistes tiroglosos y malformaciones anorrectales fueron las principales operaciones que realizó el equipo médico nacional en los dos hospitales que visitaron. “La tecnología es pobre, muy deficitaria, peor que en los hospitales públicos nuestros”, cuenta el pediatra, quien afirma que los especialistas que trabajan en territorios palestinos tienen una débil formación en lugares como Ucrania, Rusia y Jordania.

Pese a esta carencia en infraestructura y profesional, el doctor destaca la relación médico-paciente en esa nación y la forma en que la sociedad se enfrente  los problemas de salud: “Tienen una resignación ante la vida que nosotros no tenemos.  Yo salía de pabellón y el papá antes de preguntarme cómo estaba su hijo me preguntaba si estaba vivo. No había esa angustia de acá con la muerte, con la infección, con la preocupación. En este momento creo que nosotros tenemos más problemas de salud pública, por el empeoramiento que se ha producido entre la relación médico-paciente. Allá esa relación no está contaminada, es transparente y de confianza”.

El cirujano, que espera volver en mayo del próximo año a Medio Oriente, también relata la experiencia que más lo marcó en estos viajes: “Allá, nosotros no usábamos analgésicos, usábamos una mamá contenedora. Ellas se recostaban al lado de sus hijos recién operados, los abrazaban y sostenían sus manos para calmar el dolor. Entonces, uno piensa cuál es la buena medicina”.

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