Docente de Nutrición y Dietética UDD realizó voluntariado en Filipinas

En enero de este año, la profesora Camila Kluever viajó a Tacloban, la ciudad más afectada por el tifón Haiyán, que tres años después del desastre, aún requiere de la cooperación internacional para garantizar el bienestar de los más pequeños.

Como parte del programa “Volunteer for the Visayans”, Camila Kluever, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Desarrollo, viajó al sudeste asiático para realizar trabajo voluntario en una escuela básica de la ciudad de Tacloban (Filipinas). Durante su estadía, debió vivir con una familia local y adaptarse a su cultura y a la escasez, aprendiendo un poco de su dialecto (waray) y, por sobretodo, mejorando la calidad de vida de niños con altos niveles de desnutrición.

La idea de ir a un voluntariado siempre estuvo latente, pero siendo estudiante nunca se dieron las condiciones para realizarlo. A fines del año pasado se puso en contacto con una ONG para ver cómo podía hacerlo para ir a África, pero le sugirieron como destino las Bisayas Orientales por los problemas alimenticios de la población. Así que no lo pensó más y decidió ir donde la necesitaran, asumiendo los altos costos y el tiempo que implicó estar cinco semanas en la isla; pero, una vez allá, experimentó un shock cultural al ver las carencias de los habitantes, especialmente de los 45 niños de 6-14 años con los que trabajó.

“Vivir esta experiencia despertó en mí la necesidad de ayudar a los que más lo necesitan; salir de los problemas locales, que uno trata día a día; vivir en otras culturas muy distintas; aprender las cosas positivas que cada lugar del mundo te entrega; y querer recorrer el mundo, ayudando en lo que más me gusta hacer”, señaló Camila Kluever.

El día de esta egresada de la UDD comenzaba a las 05:30 horas, cuando debía ir al mercado de la ciudad a comprar frutas y verduras frescas para darles a comer a los estudiantes. Posteriormente, llegaba al establecimiento y preparaba su almuerzo, teniendo especial cuidado en hervir los productos, ya que la localidad no contaba con servicio de agua potable.

“Todos estaban muy desnutridos y la principal comida del día la recibían en el colegio. El mayor desafío estaba en que yo quería un menú con proteínas y ensaladas, pero las proteínas eran lejos las más caras -y teníamos un presupuesto súper limitado- y no podíamos dar alimentos crudos, así que nos debimos adaptar a su realidad y hacer lo mejor posible con los recursos disponibles”, dijo la profesora de la asignatura Unidad Clínica Pediátrica y del Adolescente.

Durante las tardes, llevó a cabo evaluaciones del estado nutricional de estos estudiantes con malnutrición por déficit, por lo que realizó exámenes físicos para medir su peso, talla y circunferencia del brazo, determinando sus reservas musculares y estableciendo parámetros para que la siguiente profesional de la Salud que asistiera a la escuela pudiera comparar y trabajar desde sus avances. Al concluir la jornada, hizo clases de reforzamiento de inglés para niños de otras escuelas.

Su motivación fue más fuerte y, pese a tener los fines de semana libres, la docente de Nutrición y Dietética participó en intervenciones de la fundación Eli Abroad junto a otras voluntarias de Australia y Estados Unidos, alimentando a niños que trabajan reciclando basura, razón por la cual no disfrutó mucho de los paisajes paradisíacos y los 32° de temperatura que se perciben en invierno.

Luego de varios meses de haber concluido su experiencia, Camila Kluever está planeando un viaje con alumnas de cuarto año interesadas en conocer el quehacer de la disciplina frente a otras patologías que no vemos en Chile -como deficiencias de vitaminas y minerales específicos- pero, por sobretodo, ayudando desinteresadamente a personas que apenas pueden satisfacer sus necesidades básicas.

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