Juan Pablo Cid, docente de la carrera de Química y Farmacia de la U. del Desarrollo, describe que “una explosión de un camión cisterna con gas licuado genera riesgos sanitarios graves por quemaduras por la bola de fuego, asfixia y exposición a humos tóxicos para las personas”.
Otro punto es el impacto en la infraestructura cercana a la combustión, que “también pudo provocar daños estructurales, en este caso en el puente en que estuvo el camión al momento de la explosión”.
Cid detalla cómo se origina un incendio de estas características: “El gas licuado está almacenado a alta presión, unos 15 bar aproximadamente, el doble de presión de un balón de gas de 15 kilos, o unos 8 neumáticos de un automóvil. Cuando se libera este contenido por choque o vuelco se puede evaporar rápidamente, puesto que es un gas a temperatura ambiente”.
Añade que “en estas circunstancias puede formar una nube de vapor más pesado que el aire. Luego se genera una latencia que le da un breve tiempo para que la mezcla aire-gas licuado alcance el límite inflamable. Finalmente, una ignición —chispa, fricción— causa combustión exotérmica —liberación de calor—, entre el propano, butano del gas licuado y el oxígeno del aire, detonación por confinamiento, liberando, además, CO2 y agua”.
