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La opción de escoger el color de ojos y pelo en futuros niños genera fuerte controversia

Además de elegir el sexo, clínicas en EE.UU. ofrecen seleccionar embriones según los gustos paternos antes de implantarlos. La tecnología está disponible en Chile, pero no se utiliza

Fuente: El Mercurio Online 

Suena a película de ciencia ficción, pero lo cierto es que ya es una realidad: las parejas que optan a una fertilización asistida en Estados Unidos pueden escoger el color de ojos y de pelo de su futuro hijo, así como otros atributos físicos. Ésa es la oferta que hacen algunos centros, con un «99,9% de efectividad» en los resultados, como publicitan en sus sitios web.

Uno de ellos son los Institutos de Fertilidad, con sede en Los Angeles y Las Vegas, considerados pioneros en el controvertido campo de la selección genética. Allí, desde hace algunos años es posible escoger el sexo del bebé, y en 2007 crearon el primer programa de fertilidad para parejas de hombres gay.

Su director, el doctor Jeff Steinberg, asegura que ya cuenta con «media docena» de peticiones de «niños a medida», según cuenta el diario The Wall Street Journal. Para ello, la clínica se basa en el denominado Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP), utilizado hasta ahora con fines puramente médicos.

El método permite el análisis de embriones para descartar aquellos con una enfermedad hereditaria incompatible con la vida (ver recuadro), lo que ya plantea controversia por el problema ético que implica. Ahora, cuando éste incluso se emplea para escoger el sexo o las características físicas que desean los padres, la polémica aumenta al doble. «Eso implicaría desechar embriones sanos cuyo único problema es que no cumplen con las expectativas paternas», dice el doctor Ricardo Pommer, jefe de la unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Las Nieves.

Según Steinberg, no hay nada de malo en su propuesta. En entrevista a la cadena británica BBC, dijo que los padres acuden a su clínica tanto por motivos médicos como estéticos: por ejemplo, una pareja puede querer tener un niño más moreno para protegerlo de un posible cáncer de piel si ya tienen un hijo con un melanoma. Pero otra puede querer tener un niño rubio por gusto.

Con excepción de EE.UU., la selección genética de las guaguas es ilegal en la mayoría de los países. En muchas naciones europeas está permitido escoger el sexo del niño sólo si «tiene alguna enfermedad ligada a su sexo, como la hemofilia», detalla el doctor Claudio Álvarez, especialista de la Clínica IVI en Santiago, quien destaca la claridad de la legislación española en este tema.

Si bien en Chile se dispone de la tecnología para hacer un DGP, la mayoría de los centros no la utiliza y algunos aconsejan a las parejas en riesgo que lo hagan fuera del país. «Uno compartiría la idea sólo en el caso de que exista el riesgo de una patología incompatible con la vida extrauterina», dice el doctor Pommer.

El doctor Rodrigo Macaya, de la Unidad de Reproducción Humana de la U. Católica va más allá. «Toda manipulación del embrión con la idea de elegir y desechar embriones es contraria a nuestra forma de pensar». Desde ese punto de vista, «es cuestionable desechar embriones incompatibles con la vida».

Caminos diferentes

El doctor Álvarez comenta que las clínicas IVI en Europa sí emplean esta técnica, porque «la pareja cuando se hace este tratamiento lo que busca es que le transfieran un embrión sano, que no haya heredado alguna enfermedad genética».

En Chile, sin embargo, no desarrollan este diagnóstico porque «no existe una legislación específica que diga qué se hace si se encuentra un embrión que tiene una alteración cromosómica incompatible con la vida».

En España, agrega, la norma legal deja a los padres la decisión de entregar el embrión a la ciencia (que es la elección mayoritaria), eliminarlo o mantenerlo congelado.

Con todo, la controversia ya se instaló dentro y fuera de EE.UU. En el Reino Unido, el comité ético del Royal College de Ginecólogos y Obstetras ya cuestionó la moralidad de esta práctica, que para Steinberg se trata de un «servicio» que se puede ofrecer desde hace años, pero que ha sido ignorado por la comunidad médica. «No diría que se trata de un camino peligroso, sino de un camino aún sin explorar».

Para el doctor Álvarez, en cambio, «con esto se desvirtúa una técnica terapéutica que ayuda a muchas parejas que no pueden tener hijos. Él (Steinberg), en cambio, la está llevando por un camino que no es medicina».

Test genético

La técnica Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) nació hace casi una década para diagnosticar problemas cromosómicos en el embrión antes de transferirlo al útero materno.

Según explica el doctor Claudio Álvarez, de Clínica IVI, a su tercer día de desarrollo al embrión se le extrae una célula que se analiza para descartar la presencia de «alguna enfermedad que los padres porten y que sea incompatible con la vida». También se le estudian algunos cromosomas.

COSTO

$100 mil, en promedio y por enfermedad, cuesta el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) de un embrión.