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El debate actual sobre la eutanasia

Dr. Juan Pablo Beca Infante, Director del Centro de Bioética, Facultad de Medicina Clínica Alemana-Universidad del Desarrollo

La Tercera
23 marzo 2005

En las últimas semanas nos hemos visto expuestos a un debate generado por la película Mar Adentro y por el caso de Terri Schiavo. Antes de analizar estos casos, es necesario precisar los conceptos, sin lo cual cualquier discusión será inútil.

No hay acuerdo sobre el significado del término «eutanasia». Etimológicamente es «buena muerte», pero esa acepción se ha dejado de lado. Más bien se entiende como la conducta intencionadamente dirigida a producir la muerte de una persona que tiene una enfermedad incurable y terminal, por razones compasivas y en un contexto médico. Podría realizarse a petición del paciente, mediante formas de expresión previa de voluntad, sin conocer su voluntad o en contra de ella.

Se distingue así entre eutanasia voluntaria y eutanasia involuntaria. La eutanasia involuntaria no es aceptada en ninguna parte. En cambio, la voluntaria es aceptada por numerosos autores y por algunas legislaciones europeas. El fundamento para aceptarla es el reconocimiento del derecho de las personas a gestionar su propia vida y la forma de su muerte. En contra de esta argumentación se afirma que la vida humana es un don, con un valor fundamental, y que nadie tiene derecho a atentar en su contra, aunque sea con la intención de terminar con el sufrimiento de un enfermo. Y para el caso de los médicos, se agrega que el fin de la medicina es paliar el sufrimiento cuando no se puede curar la enfermedad, desarrollando cuidados paliativos de excelencia, así que eliminar al enfermo sería traicionar esa misión.

Asunto diferente es la limitación de tratamientos en enfermos terminales. En esos casos se trata de decisiones complejas y difíciles que se toman cuando algunos tratamientos se consideran desproporcionados o inútiles y cuando algunas de las medidas de soporte vital sólo están prolongando el sufrimiento y la agonía, sin posibilidad alguna de impedir la muerte. Muchos evitan o postergan estas decisiones, pues temen que con ellas se esté practicando alguna forma de eutanasia, la mal llamada eutanasia pasiva, que es un término que muchos autores proponen dejar de usar. Con la limitación o suspensión de tratamientos desproporcionados, incluidas algunas medidas de soporte vital, se busca permitir la muerte. No se trata de producirla, sino de aceptarla como un hecho inevitable, manteniendo o reforzando las medidas de cuidado básico y de tratamiento del dolor. La muerte en paz que todos anhelamos es un proceso en el cual se nos trate el dolor, recibamos acompañamiento, apoyo emocional y espiritual, sin someternos a intervenciones que prolonguen artificial e indebidamente la agonía y el sufrimiento.

Si volvemos al caso de Ramón Sampedro mostrado en la película Mar Adentro, lo que Ramón pidió y no logró judicialmente era que se aplicasen medidas para producir su muerte: podría considerarse como eutanasia voluntaria, pero él no era un enfermo terminal. Por eso recurrió al suicidio con la complicidad de Rosa y otros amigos. Lo único que esta película tiene de eutanasia es que su protagonista fue un luchador de la causa en favor de la regulación de la eutanasia en España.

El caso de Terri Schiavo es más difícil y en su discusión se han mezclado factores médicos, familiares, judiciales, políticos, religiosos y económicos. El esposo insiste en la suspensión de la alimentación artificial. No está claro entre médicos ni bioeticistas si en casos de estado vegetativo la alimentación y la hidratación son un tratamiento médico que podría ser limitado o suspendido o si se trata de parte de los cuidados básicos mínimos que todo paciente debe recibir. Parece que culturalmente todos sentimos que la alimentación es parte de los cuidados básicos y que dejar morir por inanición es inaceptable. Pero no se trata de eutanasia activa; si el esposo la pidiese estaría solicitando medidas para producir un paro cardíaco. Lo que los enfermos en estado vegetativo permanente necesitan son cuidados básicos y decisiones de limitación al tratamiento de enfermedades intercurrentes que les pueden llevar a la muerte, que debe aceptarse. Es lo que merecen por su dignidad.

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