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Los trabajos voluntarios en la vida de los estudiantes

Los trabajos voluntarios de los estudiantes se iniciaron en Chile al comienzo de los años 60, primero en la zona de Villarrica-Loncoche y luego en Chiloé, con la participación de estudiantes de distintas carreras y de varias universidades. Los objetivos fueron conocer de cerca la realidad social, comprender el rol de las profesiones y ampliar la visión de los estudiantes más allá de lo propio de sus carreras. Aún cuando no hubo una evaluación estricta de estas actividades, su valoración e impacto marcador en la vida de muchos estudiantes fue evidente, así como también lo es el recuerdo que por años ha mantenido gente visitada y atendida por ellos en esas comunidades. A modo de ejemplo un hombre en Chiloé este año recordaba hasta el nombre de estudiantes que fueron a trabajo de verano en 1963 cuando él era estudiante de liceo. En estas cuatro décadas se han multiplicado y diversificado las iniciativas de trabajos voluntarios de estudiantes en Chile y el país ha cambiado radicalmente en aspectos económicos, culturales y políticos. Sin embargo, aunque ha disminuido sustancialmente la pobreza extrema, persiste la grave desigualdad social y la mayoría de los estudiantes no conoce ni tiene contacto con el mundo de los más pobres.

La desigualdad social es el problema más grave de nuestro país. El desarrollo económico de las últimas décadas no ha logrado superar esta desigualdad que se expresa en diferentes indicadores socio-económicos y que ha quedado recientemente en evidencia en la crisis de la educación. Las soluciones de largo plazo son complejas y comprometen la responsabilidad de gobiernos, legisladores, políticos, empresarios, medios de comunicación, universidades, colegios e iglesias, cada uno en su ámbito propio. Estas instancias, en el futuro cercano, estarán en manos de los actuales estudiantes universitarios. Por esta razón los estudiantes, para ser profesionales responsables, necesariamente deben comprender profundamente el tema de la inequidad de nuestra sociedad. Y para eso es necesario, pero insuficiente, el conocimiento teórico de un problema que de manera más vivencial y a veces también dramática se puede comprender sólo cuando se visita y comparte con los pobres. Basta con comparar la vida y las expectativas de futuro de un joven de 20 años estudiante de nuestra universidad, con las de uno que vive en una toma en Ovalle, en los Andes o en cualquier población marginal de Santiago. Podemos imaginar esta diferencia pero es diferente si al menos por una semana se comparte su realidad con él o con ella en una experiencia de trabajo voluntario. De esta manera se adquiere, idealmente para siempre, la capacidad de ver y la sensibilidad necesarias para participar creativamente en las soluciones para reducir la desigualdad social que es responsabilidad de toda la sociedad, pero que lo es de manera especial de sus profesionales.

Lo anterior permite clarificar los objetivos y motivaciones que se han ido generando para los trabajos voluntarios. Para la mayoría se trata de una ayuda concreta a gente muy necesitada (construcción de medias aguas, ayuda material, atenciones de salud, asesorías jurídicas, entretención a niños, etc), junto con ser una experiencia interesante y entretenida para los estudiantes. Lo anterior es evidentemente importante pero no debería ser lo único y posiblemente no sea lo principal en el largo plazo. Las personas pobres atendidas en estas experiencias se han sentido valorados y queridos por los estudiantes universitarios y esto sí es relevante para ellos. Y considerando que los futuros profesionales necesitan comprender y ser sensibles al problema de la pobreza y la desigualdad, los trabajos voluntarios constituyen una instancia única de formación que complementa sus mallas curriculares y que les permite encontrar o reorientar el sentido de sus profesiones y de sus vidas. La vivencia de trabajos voluntarios, junto a la reflexión y estudio de los problemas que se conocen en estos trabajos, contribuye de manera sustantiva a la formación de profesionales con un perfil que los caracterice por ser sensibles, creativos, críticos, emprendedores y solidarios. En otras palabras estas experiencias favorecen la formación de profesionales con un sentido ético de su responsabilidad social, lo cual es particularmente relevante para los profesionales de la salud.

De ninguna manera queremos menospreciar el aporte de los estudiantes a la gente a la cual han atendido. La mejor demostración de su importancia son haber visto muchos rostros de alegría, signos de esperanza, gestos de gratitud y niños felices por el cariño de las tías y tíos que los han querido y han vivido con ellos por varios días. Las medias aguas o plazas con juegos infantiles construidas constituyen valiosos aportes materiales necesarios para personas que no tienen nada. Sin embargo hay que tener conciencia de que los trabajos voluntarios de los estudiantes no son una solución de fondo sino un gesto de amor y solidaridad de un grupo de jóvenes que sacrifica su tiempo de vacaciones. Al final se genera mucho beneficio pero el mayor de ellos es para los propios estudiantes que adquieren una visión social y sensibilidad que difícilmente lograrían sin esta experiencia.

El valor y la relevancia de los trabajos voluntarios de los estudiantes es reconocido por las autoridades de la Universidad del Desarrollo, quienes han apoyado firmemente esta actividad y la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE) ha participado directamente en su gestión. Y de una manera muy especial la Facultad de Medicina ha apoyado a sus alumnos a través de la participación de un grupo de profesores de medicina y enfermería, encabezados por el propio decano a quien hemos visto trabajando, bajo intenso frío y mano a mano con los estudiantes, atendiendo niños y clavando techos.

Por último es necesario un pensamiento acerca de los valores en juego en los trabajos voluntarios. Durante esta actividad se vive una aplicación concreta de la virtud de la compasión que es la disposición y capacidad para ver y sentir el sufrimiento del otro. Como toda virtud ella no se adquiere como un conocimiento teórico sino como una fuerza interior, como acto de la voluntad que se cultiva en las diferentes labores o actividades y en las relaciones humanas. La compasión para los profesionales de la salud no es un complemento sino un carácter necesario para poder ejercer la profesión cuyo fin primario es ayudar al que sufre. Junto a la compasión en los trabajos voluntarios se expresa la solidaridad como respuesta a las necesidades inmediatas de los pobres y se adquiere un sentido de la justicia en la medida en que los estudiantes se plantean las causas y soluciones para la superación de la pobreza. El fundamento de estos valores radica en la dignidad de la persona humana que es la misma para todos y que no varía según las condiciones de vida. Esa es la base de la compasión, de la solidaridad y de nuestro sentido del deber hacia los seres humanos más vulnerables.

*Publicado en Revista Academia de Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo 2006; Nº2: 16-16