Dr. Manuel Nájera

El Dr. Manuel Nájera, docente de la Facultad de Medicina, colaborador del Centro de Epidemiología y Políticas de Salud de la UDD y miembro del comité asesor del Colegio Médico de Chile en temas de decisiones sobre la pandemia, ha seguido activamente el avance y desarrollo del SARS-CoV-2 en nuestro país. Hoy, ante las cifras que muestran una baja en los contagios, hace un análisis del panorama actual y entrega información sobre cómo la comunidad deberá enfrentar el futuro con este nuevo virus presente en sus vidas.

Según el académico UDD, éste último punto es una de las grandes interrogantes, sobre todo cuando la disminución de casos sugiere la implementación de planes de desconfinamiento y la posibilidad de retomar la vida cotidiana habitual.

“La gente tiene la esperanza que volverá todo a la normalidad, que prontamente vamos a estar bien, que quizás vamos a poder celebrar el 18 de septiembre y la navidad juntos, que el comercio volverá a abrir en su totalidad, pero eso no lo sabes. Estamos en una situación en la que cada región del país tendrá un futuro distinto, por lo que las medidas que se vayan tomando en cada una de ellas serán diferentes. Esto hace complicado pensar que tenemos un futuro único”, plantea.

En este contexto, el Dr. Nájera responde una serie de preguntas que permiten clarificar el escenario nacional, además de entregar interesantes datos sobre las medidas y decisiones que se deberían tomar, tanto a nivel gubernamental como comunitario.

Lo primero, ¿Estamos viendo una mejoría en el desarrollo de la pandemia?

En la Región Metropolitana, sí. Hay una baja de los casos diarios desde hace al menos tres semanas, sumado a un menor número de fallecidos intrahospitalarios. Lo que no ha cambiado mucho es la detección, la cantidad de test realizados, que aún parecen no dar cuenta de la magnitud de la infección, ya que por cada test positivo hay cuatro negativos. Eso es poco, pues la relación debiese ser de uno en 10 (positividad sea menor al 10%). También hay una ocupación alta de las camas UCI, sobre el 90%, número que debiera ser menos del 85% -según recomendaciones del consejo asesor del Ministerio de Salud y de la OMS- para tener holgura frente a un nuevo brote.

Entonces sí, se evidencia una mejoría. ¿Es suficiente para cambiar la estrategia? Todavía no. Y es una mejoría a nivel local en la Región Metropolitana, pero en ciudades del norte, sur o de la costa la situación es distinta, aún siguen en riesgo alto.

Con esta mejoría se plantea inmediatamente la definición de planes de desconfinamiento y cambios en las medidas, ¿Cómo se implementa esto?

Lo que se ha propuesto en varios países es definir un protocolo de desconfinamiento. Hoy día, estamos en una fase de desconfinamiento en algunas regiones, pero para salir del confinamiento general se deben establecer métricas que digan algo. Por ejemplo, si logro tener menos de 100 casos diarios, que las UCI estén desocupadas, contar con una estrategia de testeo eficiente, puedes pensar en cambiar de fase. Luego, hay que mantenerse un tiempo en esa etapa, donde se demuestre que no hay rebrotes y que has podido controlar la situación. Si eso se logra, puedes pasar a la siguiente. Y cada fase tiene etapas distintas para las personas, para el comercio, para los viajes y para el desarrollo de la vida cotidiana.

¿Cuáles son estos estándares? ¿Cómo se definen?

El consejo asesor del Ministerio de Salud y el Colegio Médico han propuesto estándares de cumplimiento que deben incluirse en cada etapa. Pero es el gobierno el encargado de la definición del protocolo final, el cual ojalá sea hecho en acuerdo con todos los actores sociales involucrados. Es fundamental que este protocolo exista, porque no podemos caer en decisiones antojadizas o poco transparentes para desconfinar aspectos de la vida cotidiana, pues querría decir que no aprendimos nada de lo que pasó anteriormente.

El problema que tuvimos, y que es el reflejo de lo que vivimos, es que la planificación de los aspectos de salud pública, de cortar la cadena de transmisión comunitaria de la enfermedad, no se cumplió. La estrategia estaba sometida básicamente a decisiones hospitalarias (disponibilidad de ventiladores, camas UCI), que si bien es muy necesaria, no consideró la parte de evitar nuevos casos. Ahora no podemos caer en lo mismo. Todo lo que viene para adelante es precisamente reforzar las medidas de salud pública

¿Cómo se controlan los rebrotes?

Hay que tener un sistema robusto de búsqueda de casos y aislamiento para evitar que una persona genere un brote. Hay que cortar esa transmisión. Vamos a seguir teniendo casos, pero lo ideal es que se detecten a tiempo y se controlen. Es difícil con este virus, pues hay transmisión asintomática, gente que no hace síntomas o muy pocos, por lo que no busca atención médica, lo que complica el control. Pero hay que tener la claridad de que ciertos valores nos van a confinar nuevamente, de acuerdo con un protocolo basado en evidencia. Una estrategia bien hecha implica un proceso de desconfinamiento, pero a la vez la preparación de planes para rebrotes que puedan irse generando. Sin ese plan, no hay futuro posible viable.

¿Qué implica para la comunidad un plan de desconfinamiento? ¿Qué debemos saber y qué responsabilidad tenemos en el proceso?

Mientras no tengamos una capacidad biológica de control del virus (una vacuna, un medicamento preventivo) vamos a estar expuestos al riesgo y, por lo tanto, hay que tomar medidas individuales que lo minimicen. Aparte del uso de mascarilla en espacios públicos y el lavado de manos frecuente, hay que considerar que el que está cerca de mí puede estar contagiado, entonces hay que mantener la distancia social con más intensidad, evitar aglomeraciones en espacios cerrados y en el transporte público, optar por cocinar en tu casa en vez de ir a restaurantes, salir a correr para no ir a gimnasios, no acudir a comercio cerrado como malls.

En el fondo, hay que tener en la cabeza que esta enfermedad existe, que tengo que cuidarme, porque si me cuido yo, voy a cuidar a las personas que quiero. Vamos a celebrar el cumpleaños de mi hija, ojalá no. Se podrá quizás ir a ver a los papás, pero con grandes resguardos. Probablemente sea muy sano para las personas volver a tener relaciones familiares, pero hay que ordenarse. En Nueva Zelanda, por ejemplo, hay una propuesta bien interesante que es mantener tu grupo cerrado y de seguridad, tanto a nivel familiar como laboral que, aunque puede ser complicado en su implementación, es una forma de ir disminuyendo el riesgo. Pero lo principal es enseñar a la gente que existe un riesgo de infectarse. Y si lo piensas en positivo, mientras más gente tenga esto en la cabeza, menos probabilidades habrá de contagiarse.  

¿Cuáles son las expectativas de contar pronto con una vacuna?

Esperar que haya una vacuna pronta y efectiva es más esperanzador que real. No podemos pensar que de aquí a fin de año vamos a tener una noticia tan buena. Por eso hay que tener la capacidad de contar con un buen plan, más que esperar que llegue una ayuda divina o un súper remedio. Hay que reforzar el rol comunitario y entender la relevancia de las decisiones que tomemos. Cuidémonos como sociedad, no sólo para mí, sino para todos.

Algunos consejos prácticos para la población

Uso de mascarillas

Hay que usarla. Se ha demostrado que si tú estás enfermo y ocupas mascarilla, expulsas menos virus, por lo que hay una menor carga viral y previenes el contagio. Entonces si todos la ocupamos, hay una protección comunitaria.

Desinfectar las cosas que entran a la casa.

No está demostrado que la enfermedad se transmita a través de artículos habituales. Los estudios que han demostrado que el virus se queda por un tiempo en las superficies están hechos mayoritariamente en hospitales, donde hay mucha carga viral. Ahora, es importante ser cauteloso, puedes limpiar tus compras, sin volverte loco, y siempre lavarte las manos después de manipular cada cosa que entra a tu casa.

Sacarse los zapatos antes de entrar a la casa.

No tiene mucho sentido, pues vienes de la calle y el virus no vive en el suelo. Si pisaste algo de virus ya caminando unos pasos éste ya se fue. Finalmente, tiene que ver con la concentración de virus en un espacio y que sea potencialmente infeccioso y, a medida que está en contacto con superficies va rápidamente perdiendo esa capacidad. En hospitales hay mucha carga, entonces es diferente.