Patricio Ross Pérez: Egresado carrera de medicina (promoción 2018)

Medicina, docencia, investigación y música (instrumentos varios) son las palabras que definen a este recién egresado de la Facultad, elegido como el alumno destacado de su promoción

Patricio Ross, Pato para la mayoría, acaba de egresar de la carrera de Medicina y en la ceremonia de titulación resultó escogido nada menos que como el alumno destacado de su promoción. Desde que estaba en el colegio que se sintió atraído por el área de la salud y trabajar con personas le parecía un desafío, pero no tenía absolutamente ninguna claridad respecto a estudiar medicina.

“En tercero y cuarto medio participé de un centro pastoral que me cambió algunas perspectivas que tenía en ese minuto y me di cuenta que trabajar con personas era increíble. Consideré que medicina era la más científica de las carreras humanistas, profundamente noble como profesión, y ahora que me sentía calificado para tratar con gente me animé a entrar”, cuenta Pato.

Según cuenta, la carrera fue lo que esperaba y mucho más. Los primeros dos años profundamente teóricos (algo necesario para él) lo ayudaron a generar lazos con sus compañeros y docentes. También conoció a su mentora, la Dra. Paulette Conget, quien lo guió para desarrollar capacidades fundamentales para su formación. En su vida personal, su núcleo familiar y su polola Paula (a comienzos de enero cumplen 6 años) son y han sido un pilar en su vida.

Cuando cursaba su tercer año de carrera, el desafío de trabajar con personas resurgió y siguió siendo difícil a lo largo de la carrera (y cada vez más), lo cual, señala, intensificó sus ganas de seguir. “Sin embargo, también descubrí otras formas de canalizar mi entusiasmo: la docencia y la investigación científica, áreas en las que me gustaría desarrollarme en el futuro, además de ser un buen clínico”, dice Ross.

Durante sus años de estudio universitario no era extraño verlo actividades ligadas a la carrera, como la academia científica y ayudantías, actividades que le ocupaban un tiempo no menor, ya sea realizándolas activamente o planificando como mejorar.

Aunque parezca curioso, el lado artístico está desarrollado en muchos médicos y Pato no es la excepción y lo expresa a través de la música, en el amplio sentido de la palabra. Partió en el colegio tocando piano, pero luego se pasó a la guitarra, pasando también por charango y ukelele. Luego se tentó con instrumentos de viento y hasta el cello.

“Me apasiona la lógica que tiene la teoría musical. La encuentro tan armónica como la medicina. En general me muevo en lo acústico, aunque también tengo mi guitarra eléctrica para los días más intensos. Los últimos años más pesados de la carrera lo dejé súper botado, pero espero retomarlo ahora que egresé… probablemente el primer sueldo lo gaste en esto, un acordeón y las respectivas clases”, dice entre risas.

“Este año pretendo partir con la especialidad de  Medicina Interna. En unos 5 años me veo trabajando como internista y profesor y, si el tiempo y la vida lo permite, también investigador. Me encantaría cumplir esos roles en mi Facultad (ojalá esto lo lea el Dr. Ronco)… Y obvio, no podrá faltar una pieza llena de instrumentos esperándome cuando llegue a la casa, excepto batería, nunca se me dieron los ritmos”, concluye Pato.

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