

En el marco de la celebración de los 25 años de la Facultad de Medicina, la Dirección de Atención Primaria de Salud y el Centro de Humanidades Médicas realizaron el jueves 14 de mayo el Coloquio de Humanidades titulado “¿Podemos vivir en la Luna?”, una instancia de reflexión interdisciplinaria que invitó a explorar el pasado, presente y futuro de la exploración espacial.
La actividad contó con la exposición de la astrofísica Antonia Fernández, PhD de la Swinburne University of Technology, quien abordó los principales desafíos científicos, tecnológicos, políticos y humanos que implica pensar en la posibilidad de habitar otros cuerpos celestes.
Durante el encuentro, Fernández explicó que la Luna, pese a ser el único cuerpo celeste visitado por seres humanos fuera de la Tierra, aún no reúne las condiciones necesarias para albergar vida humana permanente debido a la ausencia de atmósfera, agua superficial y protección frente a radiación solar y meteoritos. Sin embargo, destacó que los avances tecnológicos actuales abren escenarios que hace algunas décadas parecían imposibles.
“La exploración espacial está viviendo un momento crucial de la historia humana”, señaló la especialista, aludiendo al proyecto Artemis de la NASA, cuyo objetivo es establecer una base lunar permanente que permita futuras misiones hacia Marte.
La expositora también profundizó en la diferencia entre astronomía y exploración espacial. Mientras la astronomía estudia el universo mediante la observación y modelos físicos, la exploración espacial incorpora intereses científicos, económicos y geopolíticos, vinculados a la extracción de recursos y al desarrollo tecnológico.
Otro de los temas centrales fue la dimensión de las distancias en el espacio. Fernández explicó que un viaje a la Luna puede tardar entre uno y cinco días, mientras que llegar a Marte requeriría entre cinco y siete meses con la tecnología actual. Asimismo, recordó que la estrella más cercana al sistema solar, Próxima Centauri, se encuentra a cuatro años luz de distancia, lo que evidencia las enormes limitaciones actuales para los viajes interestelares.
El coloquio también revisó hitos históricos de la carrera espacial durante la Guerra Fría, desde el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética en 1957 hasta la llegada del ser humano a la Luna con la misión Apolo 11 en 1969. En este contexto, la académica destacó el aporte fundamental de mujeres científicas e ingenieras que fueron claves para el éxito de las misiones espaciales, muchas veces invisibilizadas en la historia oficial.
Entre ellas mencionó a Katherine Johnson, matemática afroamericana cuyas trayectorias orbitales fueron esenciales para las misiones Mercury y Apolo; Margaret Hamilton, pionera en ingeniería de software y responsable del código computacional de las misiones Apolo; y Frances Northcutt, quien participó en el análisis de trayectorias y ayudó a evitar una tragedia durante la misión Apolo 13.
Respecto del presente y futuro de la exploración espacial, Fernández se refirió a la nueva carrera espacial liderada tanto por agencias estatales como por empresas privadas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic. En ese escenario, el programa Artemis busca no solo regresar a la Luna, sino también llevar por primera vez a una mujer y a una persona de color a su superficie.
La especialista explicó que las futuras misiones pretenden estudiar zonas de sombra lunar donde podría existir hielo, recurso fundamental para sostener bases humanas permanentes. Estas instalaciones funcionarían además como plataformas estratégicas para futuras expediciones a Marte, aprovechando la menor gravedad lunar y la reducción en el consumo de combustible.
El diálogo también abordó preguntas abiertas sobre el universo, como la posibilidad de que el espacio sea infinito, y los desafíos éticos y ambientales de la minería espacial, disciplina que busca extraer recursos minerales y energéticos desde asteroides y otros cuerpos celestes para disminuir el impacto ambiental sobre la Tierra.
La actividad permitió abrir una conversación sobre el vínculo entre ciencia, tecnología y humanidad, invitando a reflexionar sobre cómo la exploración espacial redefine no solo nuestras capacidades técnicas, sino también nuestra comprensión del lugar que ocupamos en el universo